miércoles, 29 de enero de 2014

Resumen Final RIESGOS AMBIENTALES PARA LA SALUD.

La actividad humana está provocando la extinción de organismos animales, vegetales y microbianos a un ritmo que bien puede traducirse en la eliminación de una cuarta parte de todas las especies que hay sobre la Tierra en los próximos 50 años. De esa destrucción se derivan incalculables consecuencias para la salud humana:

• la pérdida de modelos médicos para comprender la fisiología y las enfermedades humanas;
• la pérdida de nuevos medicamentos con los que podríamos conseguir tratar formas incurables de cáncer, el SIDA, la arte- rioesclerosis y otras enfermedades que provocan gran padeci- miento humano.
Final RIESGOS AMBIENTALES PARA LA SALUD.

martes, 28 de enero de 2014

Otros efectos

Pero lo que puede resultar más catastrófico para el conjunto de los seres humanos es la perturbación de otras interrelaciones entre organismos, ecosistemas y medio ambiente mundial, sobre las que no sabemos apenas nada. ¿Qué sucederá con el clima mundial y la concentración de gases en la atmósfera, por ejemplo, cuando se llegue a un umbral crítico de despoblación forestal? Los bosques desempeñan funciones decisivas para el mantenimiento de las pautas mundiales de precipitación y la esta- bilidad de los gases atmosféricos.
¿Cuáles serán los efectos sobre la vida marina si una mayor cantidad de radiación ultravioleta provoca la muerte masiva del fitoplancton oceánico, especialmente en los ricos mares situados debajo del “agujero” de ozono antártico? Esos organismos, que están en la base de toda la cadena alimentaria marina sumamente vulnerables al daño producido por la radiación ultravioleta (Schneider l99l; Roberts l989; Bridigare l989).
¿Cuáles serán las consecuencias para el crecimiento de las plantas si la lluvia ácida y las sustancias químicas tóxicas enve- nenan los hongos y bacterias del suelo esenciales para su ferti- lidad? En los últimos 60 años se ha producido ya una pérdida del 40-50 % de las especies de hongos de Europa occidental, entre ellos muchos hongos que establecen micorrizas simbióticas
(Wilson l992), que son cruciales para la absorción de los nutrientes por las plantas. Nadie sabe qué efectos tendrá esa pérdida.
Los científicos desconocen las respuestas a estas y otras preguntas de importancia crítica. Pero hay algunas señales bioló- gicas preocupantes que sugieren que ya se ha producido un daño importante a los ecosistemas mundiales. La caída rápida y simultánea de las poblaciones de muchas especies de ranas en todo el mundo, incluso en medios limpios y alejados de pobla- ciones humanas, indica que pueden estar muriendo como conse- cuencia de algún cambio ambiental mundial (Blakeslee l990). Estudios recientes (Blaustein 1994) sugieren que en algunos de esos casos la causa puede ser el incremento de la radiación ultra- violeta B debido al adelgazamiento de la capa de ozono.
Más cerca de los seres humanos, los mamíferos marinos como los delfines listados del Mediterráneo, las focas moteadas euro- peas que viven frente a las costas de Escandinavia y de Irlanda del Norte y las belugas del río San Lorenzo están muriendo también en un número sin precedentes. En el caso de los delfines y las focas, algunas de las muertes parecen deberse a infecciones por virus morbilli (la familia de virus a la que pertenecen el del sarampión y el del moquillo de los perros), que producen neumonías y encefalitis (Domingo y Ferrer l990; Kennedy y Smyth l988), y que quizás son también consecuencia del dete- rioro de los sistemas inmunes. En el caso de las ballenas parecen intervenir contaminantes químicos como el DDT, el insecticida Mirex, los PCB, el plomo y el mercurio, que tienen un efecto de supresión de la fecundidad de las belugas y en última instancia provocan su muerte a causa de diversos tumores y neumonías (Dold l992). Las osamentas de las belugas estaban en muchas

ocasiones tan repletas de contaminantes que podrían clasificarse como residuos peligrosos.
Cabe preguntarse si entre esas “especies indicadoras”, como los canarios que mueren en las minas de carbón que contienen gases venenosos, en un aviso de que estamos perturbando el frágil equilibrio entre ecosistemas en que se apoyan todas las formas de vida, si entre esas especies figura la nuestra. La reduc- ción del 50 % en los recuentos de espermatozoides de hombres sanos de todo el mundo durante el período 1938-1990 (Carlsen
y cols. l992), el notable incremento de la tasa de malformaciones congénitas de los genitales externos masculinos en Inglaterra y Gales entre 1964 y 1983 (Matlai y Beral l985), la muy impor- tante elevación de las tasas de incidencia de algunos tipos de cáncer en niños blancos entre 1973 y 1988 (Angier l99l) y en adultos blancos entre 1973 y 1987 (Davis, Dinse y Hoel l994) en Estados Unidos, y el constante crecimiento de las tasas de mortalidad por varios tipos de cáncer en todo el mundo en los últimos 30 o 40 años (Kurihara, Aoki y Tominaga 1984; Davis y Hoel 1990a, 1990b; Hoel 1992) son elementos que sugieren que el deterioro del medio ambiente puede estar empezando a poner en peligro no sólo la supervivencia de ranas, mamíferos marinos
y otras especies animales, vegetales y microbianas, sino también la de la especie humana.

lunes, 27 de enero de 2014

Enfermedades infecciosas

En Brasil, la malaria ha alcanzado recientemente proporciones epidémicas como consecuencia de los asentamientos masivos y la perturbación ambiental de la cuenca del Amazonas. En gran parte controlada durante el decenio de 1960, la malaria explotó 20 años después, con 560.000 casos notificados en 1988, de los cuales 500.000 sólo en el Amazonas (Kingman l989). La epidemia fue consecuencia en gran parte de la afluencia de muchas personas poco o nada inmunizadas contra la malaria, que vivían en improvisados refugios y llevaban poca ropa protec- tora. Pero fue también resultado de su acción perturbadora sobre el medio ambiente del bosque higrofítico, al dejar por donde pasaban charcas de agua estancada —derivadas de la construc- ción de carreteras, de las escorrentías con sedimentos producto del desmonte de tierras y de la minería de superficie— en las que el Anopheles darlingi, que es el principal vector de la malaria en la zona, podía multiplicarse sin control (Kingman l989).
La historia de las “nuevas” enfermedades víricas puede contener valiosas claves para comprender los efectos de la destrucción del hábitat sobre los seres humanos. La fiebre hemo- rrágica argentina, por ejemplo, que es una dolorosa enfermedad vírica que tiene una mortalidad de entre el 3 % y el 15 %
(Sanford 1991), viene produciéndose con proporciones de epidemia desde 1958 como resultado del desmonte generalizado de las pampas del centro del país y de la plantación de maíz
(Kingman l989).
De estas nuevas enfermedades víricas, la que ha tenido mayor repercusión sobre la salud humana y que puede ser un presagio de futuros brotes víricos es el SIDA, producido por el virus de inmunodeficiencia humana, en sus dos tipos, el VIH-1 y el VIH-2. Se está de acuerdo en general en que la actual epidemia de SIDA tuvo su origen en primates no humanos de Africa, que han actuado como huéspedes y reservorios naturales y asintomá- ticos para una familia de virus que producen inmunodeficiencia
(Allan l992). Existen suficientes pruebas genéticas de la exis- tencia de vinculaciones entre el VIH-1 y un virus que produce inmunodeficiencia en chimpancés africanos (Huet y Cheynier l990) y entre el VIH-2 y otro virus de unos monos afri- canos del género Cercocebus (Hirsch y Olmsted l989; Gao y Yue l992). ¿Son esas transmisiones víricas entre especies, de los primates a los humanos, el resultado de la invasión humana de entornos forestales degradados? Si así fuera, podríamos estar asistiendo con el SIDA al inicio de una serie de epidemias víricas originadas en los bosques higrofíticos tropicales, en los que puede haber miles de virus capaces de infectar a los humanos, algunos de los cuales podrían ser tan mortales como el SIDA
(mortalidad de alrededor del 100 %), pero extenderse con más facilidad, por ejemplo, a través de las gotitas de agua transpor- tadas por el aire. Esas enfermedades víricas potenciales podrían convertirse en la más grave consecuencia sobre la salud pública de la perturbación ambiental de los bosques higrofíticos.

domingo, 26 de enero de 2014

Suministro de alimentos

El suministro de alimentos podría verse gravemente amenazado. La despoblación forestal, por ejemplo, puede tener como consecuencia una notable reducción de las precipitaciones en las zonas agrícolas contiguas e incluso en regiones situadas a cierta distancia (Wilson l988; Shulka, Nobre y Sellers l990), lo que pondría en peligro la productividad de los cultivos. La pérdida de la cubierta del suelo por la erosión, que es otra consecuencia de la despoblación forestal, puede tener un efecto negativo irreversible sobre los cultivos de las regiones boscosas, especialmente en zonas de terreno montañoso, como ocurre en regiones de Nepal, Mada- gascar y Filipinas.
Se están perdiendo también a un ritmo muy rápido murcié- lagos y aves, que se encuentran entre los principales predadores de los insectos que infestan o comen los cultivos (Brody l99l; Terborgh 1980), con innumerables consecuencias para la agricultura

sábado, 25 de enero de 2014

Alteración del equilibrio entre ecosistemas

Por último, la pérdida de especies y la destrucción de hábitats pueden trastornar el delicado equilibrio entre ecosistemas del que dependen todas las formas de vida, incluida la nuestra.

viernes, 24 de enero de 2014

La pérdida de nuevos medicamentos

Las especies vegetales, animales y microbianas son en sí mismas las fuentes de algunos de los medicamentos más importantes de la actualidad y representan una proporción significativa de la farmacopea total. Farnsworth (1990) ha comprobado por ejemplo, que el 25 % del total de recetas dispensadas en farma- cias de la comunidad en Estados Unidos de 1959 a 1980 conte- nían ingredientes activos extraídos de plantas superiores. En el mundo en desarrollo este porcentaje es mucho más alto. Nada menos que el 80 % de la población total de los países en desarrollo, lo que equivale a más o menos dos terceras partes de la población mundial, recurren casi exclusivamente a medicamentos tradicionales en los que se utilizan sustancias naturales, en su mayoría de origen vegetal.
Los conocimientos que poseen los curanderos tradicionales, que se han transmitido oralmente durante siglos, han permitido descubrir muchos medicamentos que son de amplio uso en la actualidad, la quinina, la fisostigmina, la d-tubocurarina, la pilo- carpina y la efedrina, por citar sólo algunos (Farnsworth y cols. l985). Pero esos conocimientos están desapareciendo con rapidez, sobre todo en el Amazonas, al desaparecer los curan- deros nativos y ser sustituidos por médicos más modernos. Los botánicos y farmacólogos están tratando de aprender a toda prisa esas prácticas antiguas, que, al igual que las plantas forestales de que se sirven, están también en peligro
(Farnsworth l990; Schultes l99l; Balick l990).
En busca de sustancias biológicamente activas los científicos han analizado la composición química de menos del 1 % de las plantas conocidas de los bosques higrofíticos (Gottlieb y Mors l980), una proporción similar de las plantas de zonas templadas
(Schultes l992) y porcentajes aún menores de los animales, hongos y microbios conocidos. Pero es posible que en los bosques, los suelos y los lagos y océanos haya aún decenas de millones de especies que no hemos descubierto. Con las extin- ciones masivas que se están produciendo en la actualidad, es posible que estemos destruyendo nuevos remedios para formas incurables de cáncer, para el SIDA, para la enfermedad cardíaca arterioesclerótica y para otras enfermedades que provocan un enorme padecimiento humano.