domingo, 8 de septiembre de 2013

Razones para vincular la salud ambiental y la salud en el trabajo (VIII)

En resumen, la salud en el trabajo y la salud ambiental están estrechamente ligadas por:

• el hecho de que la fuente de la amenaza para la salud suele ser la misma;
• sus metodologías comunes, especialmente en materia de evaluación de la salud y control de las exposiciones;
• la contribución aportada por la epidemiología del trabajo al conocimiento de los efectos de las exposiciones ambientales;
• los efectos de las enfermedades profesionales sobre el bienestar en el hogar y la comunidad, y, a la inversa, los efectos de las patologías ambientales sobre la productividad de los trabajadores;
• la necesidad científica de tener en cuenta las exposiciones
totales para determinar las relaciones dosis-respuesta;
• la eficiencia en el perfeccionamiento y aprovechamiento de los recursos humanos resultante de dicha vinculación;
• la mejora en las decisiones sobre control de las exposiciones derivada de esta visión más amplia;
• mayor coherencia a la hora de establecer las normas,
• el hecho de que vincular la salud ambiental y la salud en el trabajo es un incentivo más para rectificar los peligros a que están expuestas tanto la población laboral como la comunidad.
Aunque es deseable unir la salud en el trabajo y la salud ambiental, cada una de ellas tiene una orientación propia y específica que no debe perderse. La salud en el trabajo debe seguir centrándose en la salud de los trabajadores, y la salud ambiental atender a la salud del público general. Ahora bien, aunque es conveniente que los profesionales actúen estricta- mente en sólo uno de estos dos campos, comprender bien el otro incrementa la credibilidad, la base de conocimientos y la eficacia del empeño global. Este es el espíritu que anima la presentación del presente capítulo.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Distribución del espacio de trabajo. (I)

 La distribución espacial del equipo en el puesto de trabajo debería planificarse después de un análisis de la tarea que determine la importancia y la frecuencia de uso de cada elemento (Tabla 52.2). La pantalla de visualización que se utilice con más frecuencia debería situarse en el campo central de visión, es decir, en el área que aparece sombreada en la Figura 52.3, mientras que los controles más importantes y utilizados con más frecuencia, como el teclado, deberían situarse en la zona de alcance óptimo. En el lugar de trabajo representado mediante el análisis de la tarea (Tabla 52.2), el teclado y el ratón son, con gran diferencia, las piezas de equipo manejadas con más frecuencia y debe dárseles, por lo tanto, la mayor prioridad en el área de alcance. Los documentos que se consultan con frecuencia, pero que no requieren mucha manipu- lación, deben tener asignada una prioridad acorde con su impor- tancia (por ejemplo, para realizar correcciones a mano). Si se colocan a la derecha del teclado, podría solucionarse el problema, pero también podría crear un conflicto con el uso frecuente del ratón, situado también a la derecha del teclado. Puesto que la PVD no requiere una regulación frecuente, puede situarse a la derecha o a la izquierda del campo central de visión, lo que permite colocar los documentos en un soporte plano detrás del teclado. Se trata de una posible solución “optimizada”, aunque no perfecta.
Puesto que las dimensiones de muchos elementos del equipo son similares a las partes correspondientes del cuerpo humano, el uso de varios elementos para una sola tarea conllevará siempre algunos problemas. Tal vez también requieran algunos movimientos entre distintas zonas del puesto de trabajo, de ahí que un diseño como el que se muestra en la Figura 52.1 es importante para varios tipos de tareas.

Razones para vincular la salud ambiental y la salud en el trabajo (VII)

Del mismo modo que la comprensión de los efectos sobre la salud de diversas exposiciones perjudiciales ha partido muchas veces del lugar de trabajo, el efecto sobre la salud pública de las exposiciones ambientales a esos mismos agentes ha constituido un importante factor de estímulo para la limpieza tanto en el lugar de trabajo como en la comunidad de su entorno. Por ejemplo, el descubrimiento de elevados niveles de plomo en la sangre de los trabajadores por un higienista industrial en una fundición de plomo en Bahía, Brasil, llevó a que se investigara la presencia de plomo en la sangre de los niños de zonas residenciales próximas. La comprobación de que los niños también presentaban elevados niveles de plomo contribuyó considerable- mente a que la empresa adoptara medidas para reducir las expo- siciones en el lugar de trabajo así como las emisiones de plomo de la fábrica (Nogueira 1987), aunque las exposiciones profesionales siguen siendo notablemente más altas de lo que toleraría la comunidad general.
De hecho, las normas de salud ambiental suelen ser mucho más estrictas que las de salud en el trabajo. Tenemos un ejemplo de ello en los valores de referencia recomendados por la OMS para determinadas sustancias químicas. La diferencia suele justi- ficarse con el argumento de que la comunidad comprende poblaciones sensibles, como personas de edad avanzada, enfermos, niños pequeños y mujeres embarazadas, mientras que la población laboral goza al menos de una salud suficientemente buena para trabajar. También suele aducirse que el riesgo es más “aceptable” para una población laboral, pues son personas que se benefician de tener un empleo, y por consiguiente están más dispuestas a aceptar el riesgo. La cuestión de las normas o criterios suscita vivos debates de carácter político, ético y científico. Vincular la salud en el trabajo y la salud ambiental puede contribuir de forma positiva a resolver esas controversias. A este respecto, estrechar la relación entre los dos ámbitos puede redundar en una mayor coherencia a la hora de establecer las normas.
Probablemente inspiradas, al menos en parte, por el activo debate sobre medio ambiente y desarrollo sostenible propuesto por el Programa 21, muchas organizaciones de profesionales de la salud en el trabajo han cambiado su denominación por la de organizaciones de “salud en el trabajo y salud ambiental” como una forma de reconocer que sus miembros dedican cada vez más atención a los peligros para la salud de origen ambiental tanto dentro como fuera del lugar de trabajo. Además, como se señala en el capítulo dedicado a la ética, en el Código interna- cional de ética para los profesionales de salud en el trabajo se afirma que proteger el medio ambiente es una de las obliga- ciones éticas de dichos profesionales.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Tamaño y forma de la superficie de trabajo.

El tamaño y la forma de la superficie de trabajo están principalmente determi- nados por las tareas que se deben realizar y por el equipo nece- sario para ellas.
Para las tareas de entrada de datos, una superficie rectangular de 800 mm por 1200 mm proporciona suficiente espacio para colocar adecuadamente el equipo (PVD, teclado, documentos y atril) y para modificar su disposición de acuerdo con las necesi- dades personales. Tareas más complejas pueden requerir un espacio adicional. Así, el tamaño de la superficie de trabajo debería ser superior a 800 mm por 1.600 mm. La profundidad de la superficie debería permitir la colocación de la PVD, lo que significa que en el caso de una PVD con un tubo de rayos catódicos, por ejemplo, se necesitará una profundidad de hasta
1.000 mm.
En principio, el diseño propuesto en la Figura 52.1 proporciona la mayor flexibilidad para organizar el espacio de trabajo de diversas tareas. Con todo, no es fácil construir puestos de trabajo con este diseño; el que más se aproxima al diseño ideal es el que se muestra en la Figura 52.2. Tal diseño permite colocar una o dos PVD, dispositivos adicionales de entrada de datos, etc. El área mínima de la superficie de trabajo debería ser superior a 1,3 m2.

Razones para vincular la salud ambiental y la salud en el trabajo (VI)

Los problemas de salud derivados de los riesgos profesionales y ambientales son especialmente graves en los países en desa- rrollo, donde es menos probable que se apliquen métodos ya consolidados de control de los peligros a causa del limitado conocimiento de su existencia, la poca prioridad política concedida a las cuestiones de salud y medio ambiente, la escasez de recursos o la falta de sistemas adecuados de gestión de la salud ambiental y en el lugar de trabajo. En muchos lugares del mundo, la falta de recursos humanos con una formación adecuada representa un importante obstáculo para el control de los peligros de origen ambiental. Se ha documentado que los países en desarrollo padecen una grave escasez de expertos en salud en el trabajo (Noweir 1986). En 1985 un comité de expertos de la OMS llegó también a la conclusión de que había una necesidad urgente de personal capacitado en cuestiones de salud ambiental; y en el Programa 21, la estrategia internacio- nalmente acordada que adoptó la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (Naciones Unidas 1993), se identifica la capacitación (“creación de capa- cidad” nacional) como un elemento clave para la promoción de la salud humana por medio del desarrollo sostenible. Cuando los recursos son limitados, no es viable capacitar a un grupo de personas para que se ocupe de las cuestiones de salud en el lugar de trabajo y a otro grupo distinto para que aborde los peligros existentes más allá de las puertas de la fábrica.
Incluso en los países desarrollados se observa una tendencia clara a una utilización más eficiente de los recursos formando y empleando a profesionales en “salud en el trabajo y salud ambiental”. En la actualidad, las empresas deben buscar el modo de gestionar su actividad con lógica y eficiencia dentro de su marco empresarial de obligaciones, legislación y política financiera. Una forma de conseguir ese objetivo es combinar en un mismo ámbito la salud en el trabajo y la salud ambiental.
Al diseñar los lugares de trabajo y decidir la estrategias de control en materia de higiene industrial se han de tener en cuenta cuestiones ambientales de carácter general. Sustituir una sustancia por otra que no sea tan tóxica puede tener sentido desde el punto de vista de la salud en el trabajo, pero si esa nueva sustancia no es biodegradable o daña la capa de ozono no será una solución adecuada para controlar la exposición —lo único que se haría es trasladar el problema a otro sitio. El empleo de los clorofluorocarbonos, que hoy se utilizan mucho como refrigerantes en lugar del amoníaco, sustancia más peli- grosa, es el ejemplo clásico de lo que hoy sabemos que fue una sustitución inadecuada desde el punto de vista ambiental. Así pues, al vincular la salud en el trabajo y la salud ambiental se reduce el riesgo de adoptar decisiones erróneas en materia de control de las exposiciones.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Recomendaciones generales de diseño - Altura de las superficies de trabajo.

Si se utilizan superficies de trabajo con una altura fija, el espacio mínimo libre entre el suelo y el plano de trabajo debería ser superior a la suma de la altura poplítea (la distancia del suelo a la parte posterior de la rodilla) y la altura a los muslos (en posición sentada), más una cierta altura para el calzado (25 mm para los varones y 45 mm para las mujeres). Si el puesto de trabajo se diseña para un uso general, la altura poplítea y la altura a los muslos deberá seleccionarse para el percentil 95 de la población masculina. La altura resultante bajo la superficie será entonces de 690 mm para la población del norte de Europa y para la población norteamericana de origen europeo. Para otras poblaciones, la altura mínima deberá determinarse de acuerdo con las características antropométricas específicas de cada población.
Si se selecciona la altura del espacio para las piernas de esta manera, la superficie de trabajo resultará demasiado alta para una gran proporción de los posibles usuarios, y al menos un 30 % de estos usuarios necesitarán utilizar un reposapiés.
Si la altura de la superficie de trabajo es ajustable, el rango del ajuste puede calcularse a partir de las medidas antropomé- tricas de las usuarias mujeres (percentil 2,5 ó 5 para la altura mínima) y de los usuarios varones (percentil 95 ó 97,5 para la altura máxima). Por lo general, un puesto de trabajo con estas dimensiones se ajustará a una gran proporción de personas sin apenas cambios. El resultado de este cálculo es un rango de alturas entre 600 mm y 800 mm en países con una población de usuarios de una gran diversidad étnica. Debido a que pueden existir limitaciones técnicas y mecánicas para obtener un rango tan amplio, es posible obtener un buen ajuste combi- nando, por ejemplo, la regulación con equipos de distintos tamaños.
El grosor mínimo aceptable para la superficie de trabajo dependerá de las propiedades mecánicas del material. Desde el punto de vista técnico, es posible conseguir un grosor entre 14 mm (plástico resistente o metal) y 30 mm (madera).

Razones para vincular la salud ambiental y la salud en el trabajo (V)

En muchas ocasiones se han identificado peligros para la salud de origen ambiental a partir de observaciones de conse- cuencias adversas sobre la salud de los trabajadores, y es indudable que en el lugar de trabajo es donde mejor se comprende el efecto de las exposiciones industriales. La documentación de los efectos sobre la salud se realiza generalmente por una de las tres vías siguientes: experimentos con animales u otros experimentos de laboratorio (tanto sin seres humanos como con seres humanos bajo control), exposiciones accidentales de alto nivel o estudios epidemiológicos realizados tras dichas exposiciones. Para llevar a cabo un estudio epidemiológico es necesario poder determinar tanto la población expuesta como la naturaleza y el nivel de la exposición, así como comprobar el efecto perjudicial sobre la salud. Suele ser más fácil definir los miembros de una población laboral que los componentes de una comunidad, espe- cialmente en una comunidad muy cambiante; la naturaleza y el nivel de la exposición a que están sometidos los distintos miem- bros de la cohorte suelen estar más claros en una población laboral que en una comunidad; y los resultados de altos niveles de exposición son casi siempre más fáciles de delimitar que cambios más sutiles atribuibles a un bajo nivel de exposición. Aunque hay algunos ejemplos de exposición “fuera de fábrica” cercanos a las peores exposiciones en el lugar de trabajo (por ejemplo, la exposición al cadmio por la minería en China y Japón; las emisiones de plomo y cadmio procedentes de fundiciones en la Silesia superior, Polonia), la población laboral suele estar sometida a niveles de exposición mucho más altos que la comunidad de su entorno (OMS 1992).
Dado que los resultados negativos para la salud son más evidentes en los trabajadores, se ha utilizado la información sobre los efectos de la exposición en el trabajo a sustancias tóxicas (por ejemplo, a metales pesados como el plomo, el mercurio, el arsénico y el níquel, así como a carcinógenos muy conocidos como el amianto) para calcular el riesgo que presentan esos factores para la salud de la comunidad en general. En el caso del cadmio, por ejemplo, ya en 1942 empe- zaron a notificarse casos de osteomalacia con fracturas múltiples en trabajadores de una fábrica francesa que producía pilas alca- linas. Durante los decenios de 1950 y 1960, la intoxicación por cadmio se consideró una enfermedad estrictamente laboral. Sin embargo, los conocimientos obtenidos en el lugar de trabajo contribuyeron a que se reconociera que la osteomalacia y la enfermedad renal que se estaba observando en Japón por aquella época, la enfermedad de “Itai-itai”, se debían en realidad a la contaminación del arroz por regar los cultivos con agua contaminada por cadmio procedente de fuentes indus- triales (Kjellström 1986). Así pues, la epidemiología en el trabajo ha contribuido en gran medida al conocimiento de los efectos de la exposición ambiental, lo que constituye una razón más para vincular estos dos ámbitos.
A escala individual, la enfermedad profesional afecta al bienestar en el hogar y en la comunidad y, en general, una persona que tiene problemas de salud por insuficiencias en el hogar y en la comunidad no puede ser productiva en el lugar de trabajo. Desde un punto de vista estrictamente científico, para realizar una auténtica evaluación de efectos sobre la salud y establecer las relaciones dosis-respuesta es necesario tener en cuenta las exposiciones totales (ambientales más profesionales). Un ejemplo clásico es la exposición a plaguicidas: la exposición en el lugar de trabajo puede verse considerablemente incremen- tada por la exposición en el medio ambiente, a través de la contaminación de los alimentos y las fuentes de agua, y de la exposición no profesional transmitida por el aire. Tomando únicamente los episodios de más de 100 intoxicados por alimentos contaminados, la OMS (1990c) ha documentado más de 15.000 casos de afectados y 1.500 fallecidos debido a una intoxicación por plaguicidas. En un estudio realizado sobre cultivadores de algodón de Centroamérica que utilizaban plagui- cidas, no sólo muy pocos de los trabajadores tenían acceso a ropa protectora, sino que prácticamente todos vivían en un radio de 100 metros de los campos de algodón, muchos en viviendas temporales sin paredes que les protegieran de la vaporización aérea de los plaguicidas. Además, los trabajadores solían lavarse en canales de regadío que contenían residuos de plaguicidas, lo que incrementaba aún más la exposición (Michaels, Barrera y Gacharna 1985). Para comprender la relación existente entre la exposición a plaguicidas y cualquiera de los efectos sobre la salud notificados se han de tener en cuenta todas las fuentes de exposición. En consecuencia, la evaluación simultánea de la exposición en el lugar de trabajo y la exposición ambiental mejora la precisión de la misma en los dos ámbitos.